Pulseras Rojas

Albert Espinosa: “Ayudaré a Spielberg en la versión americana de Pulseras Rojas”


El creador de la serie que arrasa en Antena 3 superó una infancia marcada por la enfermedad a fuerza de optimismo, igual que sus personajes.

Con sólo 14 años le diagnosticaron un cáncer de huesos, tras el que llegarían otros dos más. Perdió una pierna, un pulmón y medio hígado, y pasó hasta 10 años deambulando por hospitales entre quimioterapias, ingresos interminables y pronósticos devastadores que apenas le auguraban un 3% de posibilidades de vivir. Sin embargo, nada de eso le hizo perder el optimismo y la felicidad.

Albert Espinosa (nacido en Barcelona en 1974) luchó y venció. Su historia, todo un canto a la vida, a la amistad y a la tenacidad, ha dado pie a películas como “planta 4”, de la que fue guionista, obras de teatro como “los pelones” o libros como “El mundo amarillo”, todos ellos un anticipo a sus “Pulseras rojas”, una ficción de la que es creador, guionista y productor asociado y que, tras arrasar en Cataluña, está triunfando las noches de los lunes en Antena 3, con la historia de un grupo de chicos que reciben tratamiento por diferentes enfermedades en la planta infantil de un hospital. “La verdad es que la serie la hice porque yo de pequeño no tenía héroes así, en ninguna serie había niños sin pelos o enfermos, reconoce Albert.

La Historia de los pulseras rojas tiene todos los números para convertirse en un hito televisivo mundial, pues el mismísimo Steven Spielberg se emocionó tanto al ver los primeros capítulos gracias a Marta Kauffman-Creadora de Friends- que ha adquirido los derechos para adaptarla y este mismo verano empezará a grabar el capítulo piloto. Ante esos acontecimientos, a los que se une el triunfal debut de la serie en Antena 3, con 3 millones de espectadores, Albert Espinosa está abrumado. “Cada vez que estrenas es como parir y esto ha sido como tener dos veces el mismo niño, una vez en Catalunya y otra en España. Además, lo de Spielberg ha sido un puntazo. Le ayudaré en la versión americana de “Pulseras rojas”, dijo emocionado este ingeniero industrial de formación con el que hablamos más a fondo sobre su propia experiencia.

P: Lo que está pasando con Pulseras Rojas es muy grande, pero es que lo de Spielberg ya que debe ser difícil de digerir.

Es increíble. Lo más difícil fue guardar el secreto durante seis meses porque las negociaciones eran complicadas. Al final, se lo conté a mi madre, porque ya no podía más. A los pocos días era mi cumpleaños y encargó una tarta con un ET de chocolate que llevaba una pulsera roja; y le dije que tendríamos que matar a la pastelera porque, si no, lo iba a contar. Ha supuesto una gran felicidad y, cuando empiece el rodaje, poder ir allí sería increíble.

P: ¿ Te han invitado a la grabación?

Sí, quieren que les explique en primera persona cómo era mi vida en el hospital y también que les asesore para que no se pierda el tono de la serie, esa mezcla entre drama y comedia.

P: Tú le echaste mucho humor a tu drama personal ¿De dónde saca el optimismo un niño que pasa su adolescencia en un hospital?

Yo siempre digo que las pérdidas acaban convirtiéndose en ganancias y que estar en el hospital no es triste, es una experiencia diferente. Había un hombre allí que siempre me decía que no es triste morir, que lo triste es no vivir intensamente. Y así lo hicimos todos a pesar de estar enfermos.

 P: ¿Y vivíais cada momento de forma diferente, como los protagonistas de Pulseras rojas?

Sí. De hecho, casi toda la historia de la serie está basada en mis amigos y en mí. A muchos nos habían cortado la pierna y nuestro grito de guerra era: “No somos cojos, somos cojonudos”. Había una gran felicidad y en la serie he querido reflejar eso, que éramos una pandilla de amigos que quizá no podía ir en moto pero tenía sillas de ruedas; no podíamos ir a discotecas, pero teníamos seis plantas de hospital por las que movernos. Como ellos, yo también hice un último baile a dos piernas y, como el protagonista de la serie, perdí la pierna el día de Sant Jordi. Creo que fue uno de los mejores días para perderla.

P: ¿Hiciste también una fiesta para despedirte de ella?

Sí. sí. Aunque fue un poco diferente, porque yo bailé con una enfermera. Bailamos la canción preciosa de Antonio Machín que se llamaba “Espérame en el cielo” y era perfecta para la ocasión, porque mi pierna está por ahí esperándome en algún sitio.

P: ¿Hay algún chaval de la serie con el que te hayas reflejado especialmente?

Quizá el personaje de Jordi es el que se parece más a mí junto a Roc, el que está en coma, porque, a través de él, digo lo que pienso. Aunque, en cada uno de los protagonistas, he puesto cosas de siete u ocho chavales que conocí.

P: Durante tu convalecencia viviste muy apasionadamente. Pero ¿Qué guardabas para cuando salieras del hospital?

Sobre todo tenía ganas de viajar, de visitar ciudades, en particular, la de mis amigos que habían muerto y cuyas vidas nos habíamos dividido entre los que sobrevivimos. Me explico: en el hospital, teníamos un pacto: debíamos vivir las vidas de los chicos que morían, así que, en aquellos 10 años, a mi me tocaron 3,7 vidas que sumar a la mía, es decir, 4,7 vidas. Por eso viajé a Boston, a Paris, a Buenos Aires… En definitiva, lo que hice al ser dado de alto fue rememorar algunos de los recuerdos de mis amigos.

 Tuvo que ser duro perder a tantos en el hospital.

No, Allí hubo chavales que vivieron muy intensamente, con lo cual me parecen más supervivientes que yo. Lo importante es luchar. Yo no sé por qué sobreviví y ellos no, pero nunca he visto la muerte como algo triste. Al revés, creo que, cuando muertes, tu vida se reparte entre toda la gente que has conocido. Mi amigos lucharon al máximo por no morir y disfrutar de su vida, y eso es lo que cuento en la serie, esa batalla.

P: En que aspectos te sigues considerando un ”Pulsera roja” 

En todos, nunca te olvidas de esa experiencia. Yo tengo el sentimiento de estar viviendo un tiempo extra porque a mí, con 14 años, me dieron un 3% de posibilidades de vivir y me dijeron que fuera a Menorca con mis padres y que pasara el último mes de mi existencia con ellos. Pero no lo hicimos, decidimos luchar. Por eso, ahora cada año me voy un mes a Menorca como para decir “Aquí estoy yo”. Vale la pena luchar por vivir.

P: ¿Qué proyectos tienes ahora, Albert? porque eres escritor, actor, director, productor…

Actualmente estoy centrado en el tema de los libros. Ya he vendido un millón de copias y ahora me voy a Inglaterra, a Francia y a Alemania a promocionarlos.

En diciembre, estreno en el TNC- Teatre Nacional de Catalunya- una obra que se llama “Nuestros tigres beben leche”, en la que tengo la gran suerte de contar con dos de los actores de Pulseras rojas, Marc Balaguer y Andreu Benito.

 P: ¿Mantienes el contacto con los chicos que sobrevivieron contigo en el hospital?

Sí, muchos nos vemos. Parte de esta serie está dedicada tanto a los que ya no están como a los que tengo cerca. Siempre tuve la sensación de que alguien tenía que hacer de corista de nuestra experiencia y me tocó a mí, pero es la historia de todos.

P: ¿Qué crees que va a suponer la versión estadounidense de “pulseras rojas”?

Si conseguimos que la serie se vea en todo el mundo, me sentiré satisfecho, porque creo que puede servir para que más gente visite a quienes están en los hospitales. Con eso, sé que todo mi trabajo habrá valido la pena.

Fuente |Revista Pronto|